Gnosis Trascendental TV

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lunes, 18 de marzo de 2013

EL FALSO SENTIMIENTO DEL EGO

Vamos a hablar hoy un poco sobre el sentimiento de sí mismo. 

Vale la pena que reflexionemos sobre esta cuestión del sentimiento de sí mismo. 

Conviene que entendamos a fondo la cuestión del falso sentimiento del "yo".

Todos en el fondo aquí de nuestro corazón, tenemos siempre el sentimiento de sí mismos. 

Mas conviene saber si este sentimiento es correcto o equivocado. 

Es necesario pues, entender lo que es este sentimiento del "yo".

Ante todo, urge entender que las gentes estarían dispuestas a abandonar el alcohol, el cine, el cigarrillo, las pachangas, etc., menos sus propios sufrimientos. 

La gente adora sus propios dolores, sus sufrimientos. 

Se despegarían más fácilmente de un rato de alegría que de sus propios sufrimientos; sin embargo, parece paradójico que todos se pronuncian contra los mismísimos sufrimientos, que se quejan de sus dolores; mas cuando en verdad hay que abandonarlos, en modo alguno están dispuestos a semejante renunciación.

Ciertamente, tenemos una serie de fotografías vivientes de sí mismos. Fotografías de cuando teníamos dieciocho años, fotografías de cuando erramos muchachos, fotografías de cuando éramos hombres de veintiún años, fotografías de cuando teníamos veintiocho o treinta, etc., etc., etc. A cada una de estas fotografías psicológicas le corresponde toda una serie de sufrimientos -eso es ostensible-, y gozamos examinando tales fotografías, nos deleitamos en narrar a los demás los sufrimientos de cada edad, las dolorosas épocas por las que pasamos, etc.

Hay un gusto bastante exótico, bohemio -dijéramos-, cuando narramos a otros nuestros dolores; cuando les decimos que somos gente de experiencia; cuando les contamos las aventuras de muchachos; la forma como tuvimos que trabajar para ganarnos el pan de cada día; la época más dolorosa de la existencia cuando andábamos por ahí buscando los centavos para subsistir, ¡Cuantos dolores, que tormentos! En todo eso gozamos.

Cuando estamos haciendo ese tipo de narraciones, somos verdaderamente bohemios, entusiastas. En vez de deleitarnos en este caso con el alcohol o con el cigarro, nos deleitamos con la historieta, con la novela, con lo que nos pasó, con lo que dijimos, con lo que nos dijeron, con la forma en que vivimos, etc., etc.

Es una especie de bohemia bastante exótica, que nos gusta. En modo alguno parece que estamos dispuestos a abandonar nuestros propios sufrimientos. Ellos son pues el narcótico que a todos gusta, el deleite que a todos agrada. Y mientras más accidentada una vida, parece que nos sentimos más exóticos, más bohemios con nuestros dolores; cosa absurda, por cierto.

Pero observen ustedes que a cada situación corresponde un sentimiento. Un sentimiento del "yo", del mí mismo. Sentimos que somos, sentimos que existimos.

En este momento están ustedes reunidos aquí escuchándome, yo estoy hablándoles. Ustedes sienten que sienten, tienen aquí en el corazón el sentimiento de si mismos, ¿y están seguros de que ese sentimiento es el correcto?

Posiblemente que sí están seguros de eso. Acaso ese sentimiento que en este momento tienes, el sentimiento de existir, el sentimiento de ser y de vivir, ¿será el verdadero o será un falso sentimiento?

Conviene que seamos un poquito reflexivos en estas cuestiones. Cuando andábamos por ahí tal vez en las cantinas, o cuando ambulábamos por los cabarets, ¿tendríamos sentimiento? Sí, es obvio que lo tenemos, y ¿ese sería el correcto? A cada edad corresponde un sentimiento, porque uno es el sentimiento de uno cuando tiene dieciocho años y otro el que tiene cuando tiene veinticinco, otro es el sentimiento de los treinta y otro el de los treinta y cinco, y un anciano de ochenta años indudablemente tendrá su propio sentimiento, ¿cuál de ellos seria el verdadero?

Es algo muy tremenda esta cuestión del sentimiento de sí mismos. Es que uno siente que siente, uno siente que existe, uno siente que vive, uno siente que es, uno siente que siente. Tiene corazón y siente, y dice: "yo, yo, yo". Pero son muchos los "yoes", ¿cuál de los sentimientos será pues el exacto? Reflexionen ustedes un poco en esta cuestión, ¡piensen! Vale la pena tratar de comprender esta cuestión.

Si uno desintegra un "yo" cualquiera -tengamos el del resentimiento con alguien-, está contento de haberlo desintegrado; pero si el mismísimo sentimiento continua, hay algo que está fallando en el trabajo. Sencillamente esto nos indica que el tal "yo" que creíamos haber desintegrado, no se ha desintegrado, puesto que el sentimiento del mismo continúa.

Si perdonamos a alguien, y más aún, si cancelamos el dolor que ese alguien nos ha producido, pero continuamos allá con un sentimiento igual, pues esto nos está indicando que no hemos cancelado pues, ese agravio o ese mal recuerdo o esa mala acción que alguien nos produjo. El "yo" del resentimiento continúa vivo.

Estamos tocando un punto muy delicado puesto que todos estamos en el Trabajo de sí mismos y sobre sí mismos. ¿Cuantas veces hemos creído por ejemplo, que hemos desintegrado un "yo" de la venganza? -Suponiendo-, pero el sentimiento aquel que teníamos continúa, esto nos indica que no logramos entonces desintegrar tal "yo", eso es obvio. De manera entonces, que en nosotros existen tantos sentimientos cuantos agregados psíquicos o "yoes" tenemos en nuestro interior. Si tenemos diez mil agregados psíquicos, indubitablemente tendremos diez mil sentimientos de sí mismos. Cada "yo" tiene su propio sentimiento.

Así pues, una pauta a seguir en nuestro trabajo sobre sí mismos, es esta cuestión del sentimiento. Intelectualmente podremos haber aniquilado el "yo" del egoísmo, pero ¿continuará acaso existiendo en nosotros el sentimiento del egoísmo, ese sentimiento de primero "yo", y segundo "yo" y tercero "yo"?

Seamos sinceros consigo mismos, y si continúa existiendo tal sentimiento, es porque el "yo" del egoísmo aún existe.

Así pues, hoy les he invitado a ustedes a comprender esta cuestión del sentimiento. Cuesta mucho trabajo que las gentes, pues, se resuelvan a entender la necesidad de desintegrar el Ego, pero más trabajo cuesta que entiendan lo que es el sentimiento. Suele ser tan fino que se escapa, es tan sutil.

En todo caso, en este trabajo sobre sí mismos, mis queridos hermanos, hay tres líneas que nosotros debemos entender: 1º, el trabajo sobre si mismos, con el propósito de desintegrar los agregados psíquicos que en nuestro interior tenemos, viva personificación de nuestros errores. 2º: El trabajo con los demás. necesitamos aprender a relacionarnos con los demás, y 3º: el amor al trabajo, el trabajo por el trabajo mismo. Son las tres líneas a seguir.

Si una persona, por ejemplo, dice que está trabajando y cree que está trabajando sobre sí misma, pero no se presenta ningún cambio en esa persona, si el sentimiento equivocado del yo continúa, si su relación con sus semejantes es igual, entonces esta demostrado que esa persona no ha cambiado y si no ha cambiado, pues entonces no está trabajando sobre sí misma correctamente, eso es obvio.

Necesitamos cambiar, mas si después de un cierto tiempo de trabajo el sentimiento del "yo" continúa igual, si el proceder con las gentes es el mismo, ¿podría acaso afirmarse que hemos cambiado? En verdad que no, y el propósito de estos estudios consiste en cambiar. El cambio debe ser radical, porque hasta la propia identidad que poseemos debe llegar a perderse para sí mismos.

Un día, por ejemplo, Arce buscará a Arce y ya Arce no existe, se habrá perdido a si mismo, eso es claro. Un dia Uzcátegui dirá: que se hizo de Uzcátegui? Ya no existe, ha desaparecido para Uzcátegui. Así que en realidad de verdad, hasta la mismísima identidad tiene que perderse para sí mismos. Tenemos que volvernos absolutamente diferentes.

Yo conozco aquí mismo entre los hermanos, sé de algunos -cuyo nombre no menciono-, que hace años, años y años que están estudiando aquí conmigo, aquí los veo, lo mismo, no han cambiado, tienen su misma conducta, cometen los mismos errores; como los cometieron hace veinte años los cometen hoy, igual. Mas no indican, no acusan, ningún cambio; no hay nada nuevo en ellos. ¿Como son? Como eran hace veinte años, o hace diez o hace cincuenta. ¿Cambio? Ninguno, entonces ¿qué están haciendo esas gentes? ¿Que hacen aquí? Pues están perdiendo el tiempo miserablemente, verdad? Porque el objeto de nuestros estudios es cambiar psicológicamente, convertirnos en seres diferentes, pero si continuamos siendo lo mismo, si XX fulano es el mismo que era hace diez años, pues entonces no ha cambiado, ni está haciendo nada, está perdiendo su tiempo, eso es obvio.

Los invito a todos ustedes a esta reflexión, ¿quieren cambiar o no quieren cambiar? Si van siempre siendo los mismos entonces, ¿que están haciendo? ¿Con que objeto están aquí reunidos en la 3ª Cámara, ¿para qué? Hay que ser más reflexivos.

Una guía a seguir es esta cuestión del sentimiento del "yo". El sentimiento del "yo" es siempre equivocado, nunca es correcto. Debemos distinguir entre el sentimiento del "yo" y el sentimiento del Ser. El Ser es el Ser y la razón de ser del Ser es el mismo Ser. El sentimiento del Ser es siempre correcto, pero el sentimiento del "yo" es un sentimiento equivocado, un sentimiento falso.

¿Por que gozarán los hermanos con sus fotografías, con las fotografías psicológicas de hace veinte y hace treinta y hace cincuenta años? ¿Que les pasa?

Cada fotografía psicológica va acompañada de un sentimiento diferente. Sí, el sentimiento del jovencito de dieciocho años que se emborracha, el sentimiento del muchachito de veinte años que anda con la noviecita o por los caminos de la perversidad, etc. ¿Cuál de esos será el correcto? El que teníamos cuando éramos muchachos de dieciocho años o el que tenemos hoy en día a la edad de cincuenta o sesenta años? ¿Cuál será el verdadero?

Ninguno de esos sentimientos es verdadero, ninguno de esos es correcto, todos esos son falsos. Falso es cuando se siente uno un hombre de dieciocho que tiene el mundo por delante y que las noviecitas le sonrien. Falso es el muchachito aquel de los veinte que cree que por su cara bonita va a dominar el mundo. Falso es el del jovenzuelo aquel de los veinticinco que anda de ventana en ventana. Todo eso es falso ¿Cuál de esos sentimientos seria el real? Sólo la Conciencia les puede dar un sentimiento real.

No olviden ustedes que entre la Conciencia y el Ser no hay mucho distanciamiento que se diga. Son tres los aspectos de la Vida: el Ser -el Sat, en sánscrito-, la Conciencia -Chita- y la felicidad -Ananda-, pero la Conciencia Real del Ser, que no está muy distante del Ser en sí mismo, se encuentra enfrascada entre toda esa multiplicidad de agregados psíquicos que personifican a nuestros errores y que en nuestro interior cargamos. Sólo ella puede darnos un sentimiento correcto pero ese sentimiento seria cruel para los demás, porque los demás están enfrascados en falsos sentimentalismos que nada tienen que ver con el verdadero sentimiento del Ser.

l sentimiento de la Conciencia Objetiva, Real, es lo que cuenta, es lo importante; pero para poder tener nosotros ese sentimiento verdadero de la Conciencia Real y Objetiva, necesitamos antes que todo, desintegrar los agregados psíquicos. A medida que vayamos desintegrando los diversos agregados, viva personificación de nuestros defectos, la Voz de la Conciencia se irá haciendo cada vez más fuerte. El sentimiento del Ser, es decir, de la Conciencia, irá sintiéndose cada vez más y más en forma intensiva; y a medida que vayamos sintiendo con la Conciencia, nos daremos cuenta de que el falso sentimiento del "yo" nos conduce al error.

Mas esto es sumamente fino, sumamente delicado, porque en la vida todos nosotros hemos sufrido demasiado, eso es obvio. También hemos marchado por el camino del error, eso es patético; y en todos los aspectos de nuestra vida, en cada proceso, en cada instante, hemos sentido aquí en el corazón algo, algo, algo, algo que se llama sentimiento. Ese algo lo hemos siempre considerado como la voz de nuestra Conciencia. Lo hemos considerado como el sentimiento de sí, como el sentimiento real al cual hemos obedecido; como el único que puede conducirnos por el camino recto, etc. Mas desgraciadamente hemos estado equivocados, mis queridos hermanos.

Como prueba de nuestra equivocación, es que más tarde hemos tenido otro sentimiento completamente diferente, totalmente distinto, y mucho más tarde otro sentimiento más distinto, entonces, ¿cuál de los tres era el verdadero? Entonces, hemos sido víctimas todos de un auto-engaño. Siempre nos ha guiado a nosotros o siempre hemos confundido al sentimiento del "yo" con el sentimiento del Ser. Hemos sido víctimas de un auto-engaño, y aquí no puede haber excepciones, hasta yo mismo, marché por el camino del error, cuando creí que el sentimiento del "yo" era el sentimiento del Ser. No hay excepciones, todos hemos sido víctimas del auto-engaño.

Llegar a sentir, de verdad, llegar a tener el sentimiento preciso, es algo tremendo. Ese sentimiento preciso es el de la Conciencia Superlativa del Ser. En todo caso nosotros debemos marchar por el camino de la aristocracia de la inteligencia y de la nobleza del Espíritu. A medida que avancemos por esa senda tan difícil del auto-conocimiento y de la auto-observación de sí mismos, de momento en momento, iremos también aprendiendo a sentir correctamente. Iremos aprendiendo a conocer el sentimiento auténtico de la Conciencia Superlativa del Ser.

El Ser para nosotros es lo que cuenta, es lo importante y el sentimiento juega gran papel en esta cuestión del Ser, pero muy hondo papel. Cuantas veces creímos que andábamos bien por el camino de la vida, guiados por el sentimiento vivo de una auténtica realidad; sucedió que entonces andábamos peor que antes, porque nos guiaba un falso sentimiento, el del "yo".

Hay personas que no son capaces de despegarse el falso sentimiento del "yo", jamás. Tienen una serie de fotografías sobre si mismas que no abandonarían por nada de la vida, ni por todos los tesoros del mundo. Gozan con sus dolores y renunciar a ellos seria peor que la muerte misma. Las gentes viven quejándose y gozan de las quejas, y nunca abandonarían sus dolores. Es terrible esto que les estoy diciendo, doloroso, pero es la verdad.

Por un falso sentimiento del "yo" podemos perder toda una existencia, integra. Si pasan veinte años, y los treinta, y los cuarenta, y los cincuenta, y los sesenta y llegamos a los ochenta -si acaso llegamos, porque muchos mueren antes de los ochenta-, con ese mismo falso concepto o falso sentimiento del "yo" para ser más claro, y ese falso sentimiento que tenemos del "yo" nos embotella completamente en el Ego y al fin morimos, sin haber dado ni un paso adelante.

Por lo común, las gentes al enfrentarse a la vida no reciben las experiencias directas en la Conciencia, no. Tienen una serie de preconceptos, prejuicios, -en la mente- terribles. Cualquier reto pues, es de inmediato, dijéramos, escudado por algún prejuicio o preconcepto. Todo lo que sucede en la vida llega, no directamente a la Conciencia, sino a toda esa multiplicidad de prejuicios que tenemos dentro, a toda esa diversidad de sentimientos equivocados y contradictorios, pero nunca a la Conciencia y en consecuencia, pues permanecemos dormidos por toda la vida.

Miremos un viejo neurasténico por ejemplo, de ochenta anos, rancio y torpe en el pensar, embotellado en algún dogma, tiene un sentimiento de sí mismo totalmente equivocado. Cuando algo le llega, no toca su Conciencia, todo lo que le llega, llega a su mente y esta, como está llena de tantos prejuicios, costumbres, hábitos mecánicos, etc., pues reacciona de acuerdo con su propio condicionamiento, pues reacciona violentamente, cobardemente, etc., etc., etc.

¿Saben ustedes de algún anciano de ochenta años reaccionando? Ya lo conoce uno, siempre da las mismas reacciones, ¿por qué? Porque todo le llega a su mente, pues no le toca nunca su Conciencia, llega a su mente y luego allí la mente lo interpreta a su modo. La mente juzga todo lo que le parece, como está acostumbrada a juzgar, como cree que es verdadero, y el falso sentimiento del "yo" respalda la forma equivocada de pensar. Total, que quien tiene un falso sentimiento del "yo" pierde su existencia miserablemente.

Es que hay que llegar al correcto sentimiento, pero este es el de la Conciencia. Nadie podría llegar a tener ese correcto sentimiento, si antes no desintegrara los agregados psíquicos. A medida que uno va desintegrando los agregados psíquicos, el correcto sentimiento se va a manifestar. Cuando la desintegración es total, también el sentimiento correcto es total.

Pero por lo común, el sentimiento correcto de si mismo está en pugna con el sentimiento falso del "yo". Es que el sentimiento correcto de la Conciencia pues, está mucho más allá de cualquier código de ética, más allá de cualquier código moral establecido por alguna religión, etc. Por lo común, los conceptos morales establecidos por las distintas religiones, pues en el fondo resultan falsos.

Como la Conciencia humana hoy en día está tan dormida, sucede pues que se han inventado distintos sistemas pedagógicos, sociales, éticos, educativos y morales, para que nosotros marchemos por el camino recto, pero nada de eso sirve para nada. Hay una ética propia de la Conciencia, pero esta resultaría inmoral para los santurrones de las diversas denominaciones religiosas.

Existe un libro que es el de los Paramitas en el Tíbet Oriental, con una ética que no encajaría jamás dentro de ningún culto, porque es de la Conciencia; y no me estoy pronunciando contra ninguna forma religiosa, únicamente contra ciertas formas o contra ciertos -dijéramos- armazones oxidados, dentro de los cuales está embotellada hoy en día la mente y el corazón. Ciertas estructuras caducas y degeneradas de falsa moral convencional, contra eso es que me estoy pronunciando.

En estos estudios no se trata de seguir o de vivir de acuerdo con ciertas formas petrificadas de moral, aquí lo que se debe es desarrollar la capacidad de la comprensión. Nosotros necesitamos constantemente enjuiciarnos a sí mismos con el propósito de saber qué tenemos y qué nos falta. Hay mucho que debemos eliminar y mucho que debemos adquirir, si es que queremos marchar por el camino recto. Mas el sentimiento equivocado del "yo" no permite a muchos avanzar por la difícil senda de la liberación, siempre se confunde a ese sentimiento equivocado del "yo" con el sentimiento del Ser. Y si no abrimos bien los ojos, como se dice, el sentimiento equivocado del "yo" puede hacernos fracasar a todos en la presente existencia.

El Ser es lo que cuenta, pero está muy hondo, muy profundo. Realmente el Ser en sí mismo es la Mónada Interior. Recordemos a Leibnitz y sus famosas "Mónadas". La Mónada en sí misma es lo que podríamos denominar Nashemah en hebreo, es decir, Atman-Buddhi. Atman, ¿quién es Atman? Es el Intimo, el Ser. Sobre eso nos dice algo precisamente, el libro "Dioses Atómicos": "Antes de que la falsa aurora apareciera sobre la tierra, aquellos que sobrevivieron al huracán y a la tormenta alabaron al Intimo, y a ellos se les aparecieron los Heraldos de la Aurora."

Neschamah, es decir, Atman-Buddhi, es la Mónada citada por Leibnitz en su "Filosofia Monádica". Atman es el Intimo, Buddhi es el Alma Espiritual, la Conciencia Superlativa del Ser; los dos, integrados, constituyen la Mónada, eso es obvio. La Mónada a su vez, se ha desdoblado en el Alma Humana, que es el "Manas Superior" de los orientalistas, esa Alma Humana, en principio es germinal completamente, pero de ella por desdoblamiento, ha resultado la Esencia, que es lo único que los animales intelectuales tienen dentro encamado. Esa Esencia está enfrascada entre los diversos agregados psíquicos que en nuestro interior llevamos.

En hebreo, Neschamah es precisamente Atman, Atman en su parte inefable. Buddhi es "Ruach" y Atman-Buddhi se dice "Ruach" en general. Nephesih es el Alma Humana o Alma Causal, de donde deriva precisamente la Esencia que cada cual tiene en su interior. Esa Esencia hay que despertarla, es la parte de Conciencia que tenemos dentro. Esa Esencia hay que ponerla en actividad, desgraciadamente está dormida, está metida dentro de los agregados psíquicos inhumanos que en nuestro interior cargamos, por desgracia.

Es necesario entender que cuando uno trabaja sobre sí mismo, entra en el camino de la Revolución de la Conciencia, aspira algún día recibir sus Principios Anímicos y Espirituales, es decir, convertirse en templo de la Mónada Interior, porque es obvio que una Esencia desarrollada, desenvuelta, despierta, se integra, se fusiona completamente con el Alma Humana en el Mundo Causal. Mucho más tarde viene lo mejor: el desposorio, la integración de esa Alma Humana con la Mónada, cuando eso sucede, el Maestro se auto-realizó totalmente.

Así que lo que tenemos, que es la Esencia, debe ser trabajada. Debemos empezar por desembotellarla, por desenfrascarla, es una fracción del Alma Humana en toda criatura y hay que despertarla porque está dormida entre cada uno de los agregados psíquicos que en nuestro interior llevamos.

Esa Esencia tiene su propio sentimiento correcto, que es diferente, completamente diferente del falso sentimiento del "yo". Esa Esencia realmente, con su sentimiento, emana de la verdadera Alma Causal o Alma Cósmica. Así, el sentimiento que la Esencia tiene, es el mismo que tiene el Alma Cósmica, el mismo que existe en el Alma-Espíritu, es el mismo que existe en el Intimo o Atman.

Cuando uno entra por este camino, descubre que se ha metido por la Senda de la Revolución de la Conciencia, y la Revolución de la Conciencia es tremenda, porque trae de hecho aparejada la revolución intelectual y la revolución física. La Revolución de la Conciencia provoca una serie de revoluciones intelectuales extraordinarias y a su vez, como resultado, aparece la revolución física. En la Alquimia, por ejemplo, se habla de la reincrudación del cuerpo físico, de la invulnerabilidad y de la mutación. Es obvio que aquel que ha conseguido el despertar total, aquel que ha logrado la iluminación, puede alimentarse con el Arbol de la Vida, y de hecho su cuerpo físico, si así lo quiere, puede volverse invulnerable, mutante, y eso lo consigue mediante la reincrudación alquimista. Un Iluminado sabe muy bien como se logra la reincrudación. Así son tres revoluciones en una: la de la Conciencia que trae aparejada la revolución intelectual y la otra, la revolución física.

Los grandes Adeptos de la Conciencia, esos que lograron verdaderamente el despertar, son iluminados, muchos de ellos son inmortales. Recordemos nosotros a nada menos que a Sanat Kumará, el "Anciano de los Días" el fundador del Colegio de Iniciados de la Blanca Hermandad. Trajo su cuerpo físico a la Tierra, vino desde Venus. Ese gran Maestro, habiendo ya pasado más allá de toda necesidad de vivir en este mundo, se ha quedado en este mundo para ayudar a los que marchan por la rocallosa senda que conduce a la liberación final. Sanat Kumará es alguien que puede sumergirse totalmente en el Océano de la Gran Luz, pero ha renunciado a toda dicha para quedarse aquí con nosotros, y está con nosotros, por Amor a nosotros.

En el camino este que estamos recorriendo, urge entender la forma de relacionarnos correctamente con nuestros semejantes. Si trabajamos sobre sí mismos, debemos también levantar la antorcha para iluminar el camino de otros, para mostrar a otros el Sendero, y eso es lo que hacen precisamente los Misioneros Gnósticos: mostrar a otros la Senda de la Liberación.

En el oriente se habla claramente de dos clases de seres que marchan por este camino: a los primeros los podemos denominar los Saravakas y los Buddhas Pratyekas. Obviamente, ellos son ascetas, saben que el falso sentimiento del "yo" lo conduce a uno al fracaso. Lo entienden, ellos se han preocupado por trabajar intensamente sobre sí mismos, han hecho sus votos, algunos de ellos hasta han diluido al Ego, pero no trabajan por los demás, no hacen nada por el prójimo. Estos Buddhas Pratyekas y Saravakas obviamente gozan de cierta iluminación y de cierta felicidad, mas nunca han llegado en realidad de verdad, a ser verdaderos Bodhisattwas en el sentido más estricto de la palabra.

Hay dos clases de Bodhisattwas: los que tienen el Bodhisita en su interior y los que no lo tienen. ¿Que se entiende por el Bodhisita o Bodhisito? Sencillamente de que a base de distintas renunciaciones y de Kalpas enteros, rnanifestandose en los mundos y renunciando a cualquier grado de felicidad, trabajan por la humanidad. Estos tienen los Cuerpos Existenciales en Oro Puro, porque eso es el Bodhisitta: los Cuerpos ExistenciaIes Superiores del Ser y la Sabiduría de la experiencia adquirida a través de sucesivas eternidades.

El Bodhisita de un Budha es propiamente un Bodhisattwa debidamente preparado, que puede perfectamente realizar con eficiencia todos los trabajos que el Budha Interior le ha confiado. ¿Creen ustedes acaso que el Bodhisattwa que en realidad de verdad se ha desarrollado en el terreno vivo del Bodhisita, podría acaso llegar a fracasar en los trabajos que tiene que realizar? Obviamente que no, porque está debidamente preparado.

Se entiende por Bodhisito, precisamente a todas esas experiencias, a todos esos conocimientos adquiridos a través de las edades, a los Vehículos de Oro Puro, la sabiduría patente del Universo. Obviamente, el Bodhisattwa, provisto de tal Bodhisito, se manifiesta a través de distintos Mahanvantaras y a la larga viene a convertirse verdaderamente en un ser omnisciente. La Omnisciencia es algo que hay que conseguir, que hay que lograr, que en modo alguno nos viene de regalo; es un producto de distintas manifestaciones cósmicas y de incesantes renunciaciones.

El Bodhisattwa que posee de
ntro de sí mismo al Bodhisito, es decir, todas esas sumas de conocimientos, experiencias y Vehículos de Oro, etc., jamás se dejaría guiar por un falso sentimiento del "yo". Pero este falso sentimiento del "yo" suele refinarse espantosamente. Hay individuos que han logrado muchos refinamientos espirituales y sin embargo aún son víctimas del falso sentimiento del "yo". Entender esto es básico en la Gran Obra, es fundamental.



Todos tenemos derecho a aspirar a la iluminación, pero tampoco debemos codiciar la iluminación. Antes de codiciarla, debemos nosotros preocuparnos por la desintegración de los agregados psíquicos que en nuestro interior cargamos; vigilar en forma intensiva ese falso sentimiento del "yo", aniquilarlo, porque puede estancarnos, puede llevarnos al auto-engaño, puede hacernos pensar que vamos muy bien, puede hacernos creer que es la Voz de la Conciencia, cuando en realidad de verdad es la voz del Ego.

Quiero que entiendan ustedes, claramente, que un día ustedes, tienen que ir fabricando dentro de sí mismos al Boddhisito, es decir, elaborando esa experiencia, elaborando ese conocimiento que les va dando el trabajo sobre sí mismos. Con tal conocimiento, con tal experiencia, ustedes no fallarán. A medida que ustedes vayan desintegrando los agregados psíquicos que les dan a ustedes el falso sentimiento del "yo", irán alimentándose con el Pan de la Sabiduría, con el Pan Transubstancial venido de lo Alto, porque cada vez que uno desintegra un agregado psíquico, libera un porcentaje de Conciencia y adquiere de hecho una virtud, un conocimiento nuevo, algo extraordinario.

A propósito de virtudes, he de decirles que el que no es capaz, por ejemplo de apreciar las gemas preciosas, tampoco podría saber cual es el valor de las virtudes. El valor de estas en sí mismas, es precioso, mas no es posible adquirir virtud alguna si antes no desintegramos el defecto antitético. Por ejemplo, no podríamos adquirir la virtud de la Castidad si no desintegramos el defecto de la Lujuria. No podríamos adquirir la virtud de la Mansedumbre, si no eliminamos de sí mismos el defecto del Resentimiento. No podríamos adquirir la virtud del Altruismo, si no eliminamos el defecto del Egoísmo.

Lo que importa pues, es que nosotros vayamos comprendiendo la necesidad de eliminar los defectos, sólo así irán naciendo en nosotros las gemas preciosas de las virtudes. En todo caso, el objetivo de esta plática de hoy ha sido: llamarles la atención sobre el falso sentimiento del "yo". Tendrán ustedes que aprender a sentir la Conciencia, a tener un correcto sentimiento de la Conciencia Superlativa del Ser. Esa Conciencia Superlativa emana o deviene originalmente de Atman, el Inefable, es decir, del Intimo, del Ser.

Así mis queridos hermanos, hasta aquí vamos dejando esta plática, si alguno de ustedes quiere preguntar algo en relación con el tema, bien puede hacerlo con la más entera libertad.

P.- Venerable Maestro: que relación existe entre las sensaciones y el sentimiento?

R.- Las sensaciones, sensaciones son, y las hay positivas y negativas. Toda sensación, por ejemplo, es el resultado de alguna radiación o impresión externa. Por ejemplo: viene a nosotros una sensación de dolor, debido a que alguien nos lo produjo, ya sea con la palabra o sencillamente nos dió un "trancazo"; entonces tenemos una sensación de dolor. Y una sensación de alegría: cuando alguien nos trata bien, o cuando olemos un perfume delicioso. En todo caso las sensaciones son sensaciones, pero el sentimiento se lleva en el corazón, es diferente, va en el centro emocional, y nunca se debe confundir el sentimiento auténtico del Ser, del Atman, de la Mónada, de la Esencia, etc., del Ser en general, con el sentimiento del "yo". Cada "yo" tiene su forma de sentimiento, y por lo común, esos sentimientos del "yo" nos llevan al fracaso. ¿Alguna otra pregunta? Todos puedes preguntar, que ninguno quede con dudas. Tiene la palabra hermano.

P.- Venerable Maestro: en cada edad o etapa del individuo, se manifiestan determinados "yoes" característicos...

R.- Ciertamente que sí, de acuerdo con la Ley de Recurrencia. Porque si en la pasada existencia a los treinta años tuvimos una "bronca" en la cantina, el "yo" de aquella riña permanece en el fondo de nosotros mismos, aguardando el instante de los treinta años para volver a salir otra vez. Cuando llegue esa edad, saldrá entonces, irá a buscar una cantina con el propósito de encontrarse con el sujeto aquel con quien riñó. Lo mismo hará aquel, y al fin se encontrarán ambos en la cantina y volverán a reñir, esa es la Ley de Recurrencia. Y si a la edad de veinticinco años tuvimos una aventura amorosa, pues también a esa misma edad el "yo" que estaba allí aguardando en el fondo, saldrá a la superficie, controlará el intelecto, controlará el corazón e irá a buscar a la amada de sus ensueños. Ella hará lo mismo y ambos se reencontrarán para repetir la aventura. Así que el robot humano está programado por la Ley de Recurrencia. ¿Alguna otra pregunta?... En todo caso el Ser, el verdadero Ser, no se expresa en el animal intelectual, vive normalmente en la Vía Láctea, se mueve en la Vía Láctea. Lo que actúa en este mundo es el robot programado por la Ley de Recurrencia.

Hay necesidad de desintegrar el Ego y despertar la Conciencia para que la Mónada, Atman-Buddhi, el Ruach Elohim que según Moisés "labraba las aguas en el principio del Mundo", el Rey-Sol, vuelva naturalmente a expresarse dentro de nosotros, venga a la manifestación, ingrese en nuestra humana persona. Sólo El puede hacer.

Las gentes creen que hacen y no hacen nada. Actúan de acuerdo con la Ley de Recurrencia, son máquinas programadas y eso es todo.
P.- Venerable Maestro, fue la segunda guerra mundial una recurrencia de la primera?

R.- Pues claro, así es, y siempre se repite todo, de acuerdo con la Ley de Recurrencia, eso es verdad. La segunda guerra mundial no fue sino la repetición de la primera, y la tercera no será sino la repetición de la segunda. ¿Alguna otra pregunta?

P.- Maestro: puede explicarnos como es que uno puede creer que ha eliminado el defecto, cuando en realidad no es así?

R.- Sí, puede creerse que se ha eliminado tal o cual defecto psicológico, pero si el sentimiento de ese "yo" continúa en nosotros, significa que no ha sido eliminado. De manera que esa es una forma en que este conocimiento nos permite a nosotros saber si hemos eliminado tal o cual "yo". Es un patrón de medida que nos permite descubrir si hemos o no hemos eliminado tal o cual agregado psíquico.

P.- Maestro: cómo podría explicarnos el hecho de que el Angel Adonaí tenga Karma?

R.- Bueno, Adonaí, el Hijo de la Luz y de la Alegría, que yo sepa no tiene Karma. Si se demoró en haber eliminado algún elemento indeseable, pues, eso ya pasó.

P.- Venerable Maestro: Tengo entendido que el Karma de Adonaí eran por los recuerdos del Alma.

R.- Bueno, pero eso es una conjetura, tenemos que marchar sobre los hechos. Yo no sé que Adonaí tenga Karma, por lo menos no he sido informado sobre eso, esa es la cruda realidad. Tengo entendido que no tiene Karma. Ahora tiene cuerpo físico y vive en Europa, es un Adepto maravilloso, pertenece al Círculo Consciente de la Humanidad Solar que opera sobre los Centros Superiores del Ser; vive y pasa como un desconocido en Europa, en Francia. ¿Hay alguna otra pregunta?

P.- Maestro: además de Sanat Kumará, hay otros Kumarás?

R.- Pues, por Kumará se entiende a todo Individuo Resurrecto, cualquier fulano XX; con tal de que resucite es un Kumará. Obviamente los Kumarás, lo mismo que los Pitris, son los que ayudaron a crear, a dar vida a la forma física humana que tenemos. Me parecen todavía más interesantes todavía que los Kumarás los Agnishvatas, que son Dioses Solares, son bastante interesantes. Por cierto los Dioses Solares que gobernaron por ejemplo a la Tierra, a la humanidad de la Primera Raza volvieron al Sol. Habían venido del Sol y regresaron al Sol y en la futura Sexta gran Raza raíz volveremos a tener la visita de los Dioses Solares. Vendrán del Sol, vivirán entre la humanidad y establecerán la Sexta Raza Raíz sobre la faz de la Tierra. Gobernarán a los pueblos, naciones y lenguas, ellos son gobernantes. Entre las doce constelaciones del zodiaco, obviamente la más importante es la de Leo. El Sol tiene en Leo su trono. Los Dioses Solares vienen periódicamente a la Tierra, cada vez que se inicia una nueva Raza.

Pero bueno, no nos apartemos tanto de la cuestión que hemos planteado. Debemos llevar en mente la necesidad de estudiarnos un poco mas a si mismos, de poner atención en esta cuestión del sentimiento del "yo", y hasta aquí mis palabras.

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