Gnosis Trascendental TV

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miércoles, 7 de julio de 2010

LAS DIEZ REGLAS PARA UN HOGAR FELIZ: LA SEXTA REGLA

LA ORGANIZACIÓN
La organización es una forma que debemos aprender todos los seres humanos, para que cada cosa esté en su lugar.

Un hogar donde no haya la organización, siempre se verá descompuesto, las cosas en desorden, y esto trae  desarmonía a las personas que habitan en ese lugar.

El esposo debe ser una persona muy organizada, así logrará tener un orden en los ingresos y egresos; no va a gastar más de lo que puede, ni deja de gastar lo necesario; debe ser una persona aseada, organizada; así le dará un tinte diferente a su vida, a su hogar, a su trabajo y por ende ejemplo para quienes le rodean.

Un hombre desorganizado no puede enseñar con su ejemplo y desde luego no tiene solvencia moral para enseñarle a sus hijos.



Un esposo organizado hará lo que tiene que hacer en su justo momento y así le quedará tiempo para su justo descanso; le quedará tiempo para compartir con su esposa, sus hijos y con quienes le rodean.

Lo mismo la esposa; cuando ella asume la responsabilidad de su hogar, como debe ser, siempre mantendrá en orden su casa, su hogar, su limpieza personal; nunca dejará para otro rato lo que debe hacer en ese  momento.

Siempre enseñará a sus hijos, con el ejemplo; no le faltará tiempo para dedicarle a sus hijos y a su esposo, mantendrá una vida más holgada y por ende la alegría en el hogar no faltará, porque las personas que lo constituyen son diligentes, responsables y ordenados.

La organización debe partir de cada persona, desde su presentación personal, desde su comportamiento con los que le rodean.

Eficiente en su trabajo y en las obligaciones que tiene. 

Nunca deja para mañana lo que debe hacer hoy.

Nunca delega en los demás sus propias responsabilidades.

Siempre mantiene una actitud recta frente a todos los eventos de la vida. Toma la vida como una escuela donde hay mucho que aprender y mucho que enseñar.

La esposa debe procurar mantener su presentación personal aseada, lo mejor presentada posible. Una mujer despeinada, desarreglada en la casa, no le inspira a su esposo e hijos, ningún entusiasmo para compartir con ella su vida.

Un hombre que no vela por su presentación personal, que se mantiene todo descompuesto, sucio, mal  vestido, mal arreglado, demuestra su desorganización y por ende tampoco inspira a su esposa e hijos, la alegría de compartir con él la vida.

No olvide querido lector, que la vida se compone de detalles y que el éxito o el fracaso también se sucede por detalles.

V. M. LAKHSMI, MONASTERIO LUMEN DE LUMINE, OCTUBRE DE 1998

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